lunes 15 de octubre de 2007

Este escrito, que mal he llamado “manifiesto”, surge por propia necesidad pero también por solicitud de muchos que se han (y me han) preguntado una y otra vez: ¿qué es FotoPoesía? Confieso que aún no tengo una respuesta completa y cerrada, pero aquí intentaré cubrir los conceptos esenciales que hoy pienso y siento acerca de este género naciente.

Quiero aclarar algo importante en torno a la palabra “manifiesto”. Es mi intención que la FotoPoesía no se llene de doctrina que la paralice. Por lo tanto, este “manifiesto” debe ser entendido como un conjunto de reflexiones en torno a la fotopoesía, antes que la enumeración de reglas o recetas para su consecución.

Acorde con dicha aclaración, es también mi deseo que en el futuro, otros tantos fotopoetas completen y enriquezcan este trabajo, agreguen sus propias visiones particulares y critiquen los aspectos sobre los que aquí opino. Seguramente yo mismo seré uno de mis principales y más implacables críticos y detractores futuros, ya que mi opinión artística suele ser cambiante y abierta y no estoy sujeto a convicciones estáticas.

No dejaré de insistir en el hecho de que lo que esbozo como una especie de “cuerpo de reflexiones”, no debería ser tenido en cuenta como una enumeración de reglas o principios que yo u otros fotopoetas solemos seguir para llegar a concebir y materializar la obra. Más bien debe ser visto como un conjunto de reflexiones obtenidas con posterioridad al hecho creativo, observando con ojo atento el resultado de mis trabajos y el de otros fotopoetas que respeto. Si alguien en el futuro desea utilizar estas reflexiones, en cambio, como lineamientos para concebir una obra fotopoética, obviamente es libre de experimentar con dicho método, aunque debo advertir que de seguirse en exceso tal mecanismo puede derivarse en la obtención de obras vacías, forzadas y carentes de fuerza poética.




Paso ahora a mis reflexiones acerca de la FotoPoesía:

1-Lo primero es responder (o tratar de hacerlo) a la pregunta ya citada: “¿Qué es FotoPoesía?” Es una pregunta que no sólo me la han venido haciendo desde hace bastante tiempo,…también yo me la he formulado en varias ocasiones. Me gustaría ensayar una primera respuesta referenciada a otras disciplinas artísticas: la poesía, la fotografía y la pintura. Con dicho método de definición, podría decir sin temor a equivocarme que “la FotoPoesía es poesía, en la que se reemplazan a los versos y las palabras por imágenes; y que se encuentra más cerca de la pintura que de la fotografía”.

2-Así como en una poesía son los versos las unidades componentes y rítmicas, así en fotopoesía tenemos las imágenes fotográficas. Intentando una etimología, podríamos decir que el término “fotopoesía” implica “hacer poesía con luz”. Es decir, estamos aquí ante un proceso similar al del poeta de papel, pluma y palabra, sólo que utilizamos una cámara y papel fotográfico como herramienta y soporte.




3-Es por ello que, técnicamente, una obra fotopoética no puede componerse de una sola imagen, como un poema no suele contener tampoco un único verso. Una obra fotopoética deberá estar conformada con un mínimo de tres imágenes y un máximo ilimitado. Esa mínima trinidad me gusta compararla también con la del haiku; un terceto sin rima de origen japonés que condensa en tres versos un instante único. Basho, uno de sus máximos exponentes, decía que “haiku es lo que sucede en este lugar, en este momento”. Lo mismo me gustaría expresar con respecto a la fotopoesía: la condensación de un instante sencillo e irrepetible.

4-Porque para mí, la fotopoesía es eso: un conjunto de imágenes que condensan un instante, un espacio, hasta quizá una idea. Generalmente no se trata de imágenes grandilocuentes. Por lo general, en cambio, nos muestran momentos mínimos, triviales, de la vida cotidiana, el milagro que existe en lo casi imperceptible. Por supuesto que nada le escapa a la mirada del fotopoeta, y quizá un majestuoso paisaje sea un invaluable material para una obra fotopoética, pero la mayor parte de las veces el ojo del fotopoeta encontrará mayor atractivo y belleza en lo pequeño, en lo insignificante. Me gusta citar aquí el concepto también japonés del “wabi sabi”, es decir, “lo sagrado en lo cotidiano y trivial” (hay más belleza en una casa en ruinas o en una pared con pintura descascarada que en un moderno edificio inteligente, o en un trozo de papel arrugado que en un diamante). ¿Debe buscar la fotopoesía, entonces, transmitir sólo la fuerza del instante concreto, o puede apuntar a una reflexión más abstracta y trascendente? Yo creo que ambas cosas: utilizar el instante trivial para avanzar hacia lo trascendente, para justamente ver en lo pequeño la inconmensurable majestuosidad y el misterio de lo infinito.




5-Profundizando un poco más y por último en la etimología de la palabra “poesía”, sabemos que proviene de “poiesis”, que significa “buscar la armonía implícita en el caos”. Un fotopoeta sale con su cámara a “la cacería del instante”. Luego, en su mesa de trabajo, vuelca las imágenes capturadas en diversos espacios, en diferentes tiempos, y allí comienzan a surgir patrones armónicos a partir de aquel caos espacio-temporal creado en la etapa de cacería. Con mirada poética, el obrero-artista deja que un proceso invisible tenga lugar. Él ayuda, pero en silencio, casi sin intervenir, y entonces se produce el “milagro”: imágenes a veces distanciadas en tiempo y espacio comienzan a unirse, a atraerse, a magnetizarse, y así nace la obra, se destila así la poesía luego de aquella alquimia fotopoética que transmuta el caos en armonía. A veces las vinculaciones son conceptuales y un tanto abstractas, otras son geométricas, tantas otras cromáticas, pero muchas veces se da una vinculación que va más allá de algún parámetro entendible por la razón: dos imágenes piden a gritos estar juntas y el fotopoeta no sabe muy bien por qué, y entonces se niega e interfiere, hasta que el proceso termina generalmente por agotarlo y vencerlo. O suele suceder también que una fotografía es excepcionalmente buena y el ego del fotopoeta se siente orgulloso de ella y está ansioso por incorporarla a un conjunto, pero no lo logra. Las demás imágenes la rechazan y no consigue compañera de bodas. El proceso es así un tanto inexplicable a veces. Ésto nos dice mucho también acerca de cómo se transita el camino creativo fotopoético en su secuencia más usual en la práctica. Porque por lo general, una obra fotopoética no se premedita. No es lo usual que el fotopoeta visualice en su mente una obra y luego salga a reunir las fotografías que se acomoden a dicha visión. El proceso es totalmente inverso y aquí reside una característica de gran importancia en cuanto FotoPoesía como género. Como vimos, el fotopoeta sale "a la caza de instantes". Y luego dichos instantes se reúnen en su mesa de trabajo concibiendo en ese momento, y no antes, la semilla de lo que será la obra. Por supuesto que en los momentos intermedios habrá múltiples acciones posibles. Por ejemplo, puede que existan cuatro imágenes que se atraigan con fuerza pero a la vez el fotopoeta sienta que falta una quinta y que entonces sí será preciso salir de cacería para permitir que la imagen lo encuentre al fotopoeta (y no viceversa, es decir: no que el fotopoeta encuentre a la "imagen perdida"). El fotopoeta debe ser un individuo constantemente receptivo en el que "la otredad" se exprese con la mayor libertad posible. Y aquí nuevamente podemos darnos cuenta de por qué decimos que la fotopoesía está más cerca de la pintura que de la fotografía.




6-La fotografía nace y muere con la toma. La fotopoesía recién comienza con una toma, apenas nace en dicho momento. El fotopoeta, como canal de expresión de "la otredad", busca quizá, de manera inconsciente, la re-unión con aquella otredad que lo atrae para remediar su escisión. Metafóricamente, quizá en la re-unión de aquellas imágenes de diferentes espacios y tiempos, el fotopoeta esté llevando a cabo, una y otra vez, la re-unión con aquella parte de su ser que ha sido escindida. En algún sentido, es muy cierto quizá que una obra fotopoética hable mucho acerca de su autor, de su momento. Y en ello también, se acerca mucho más a la poesía y a la pintura que a la fotografía.

7-La fotopoesía no implica secuencia. Las variadas imágenes no son fotografías secuenciales ni persiguen contar una historia cronológica. Lo usual es que las imágenes se utilicen con una lógica diferente a la secuencial o a la habitual “espacio-temporal” en la que vivimos. La fotopoesía no cuenta una historia en el tiempo, sino que transmite un instante, una emoción, un sentimiento, a través de la conjunción de variadas imágenes que conviven en un “no-tiempo”. El instante de la fotografía no es igual al instante fotopoético. En la fotografía se congela el tiempo. La fotopoesía, en cambio, está en el reino del "no-tiempo". Al ver una fotografía seguramente podremos decir: "sucedió en tal espacio, en tal tiempo". Al contemplar un conjunto fotopoético, en cambio, deberíamos ser capaces de sentir y de decir: "es un instante que ha sucedido en todos los espacios, en todos los tiempos, y que aún está sucediendo, aquí y ahora mismo". La fotopoesía parecería ser así, en cierta medida, un fenómeno borgiano, ya que en ella todos los actos parecen suceder al mismo tiempo y en el mismo lugar (o en todos los tiempos y lugares).




8-En el conjunto fotopoético, se tratará de evitar la repetición de imágenes sobre un mismo hecho u objeto, o si existe tal repetición lo usual será provocar un corte o ruptura con otras imágenes diferentes. La fotopoesía no es entonces secuencial ni tampoco tiene que ser lógica. Y siempre busca en el espectador su significado final, a veces universal, a veces subjetivo y dependiente del momento particular del que ve.

9-La "capacidad de conmoción o espanto" la buscará el fotopoeta para su obra a través de imágenes comunes, triviales, cotidianas, sin caer en el facilismo del golpe bajo. Para un fotopoeta sería absolutamente inconcebible, para citar un caso famoso y extremo como ejemplo, utilizar la estrategia de aquel fotógrafo documental que saltó a la fama por aquella fotografía de un ave carroñera esperando que un niño desnutrido muriera para hacerlo su alimento. El fotopoeta en cambio, buscará la conmoción mediante lo pequeño, lo sencillo, lo minúsculo, lo cotidiano, lo común. Ese es uno de los principales desafíos del fotopoeta y en ello reside la belleza del dominio del "wabi sabi".




10-Un fotopoeta no sólo utiliza el ojo. Por lo general, desea percibir con todos sus sentidos el objeto fotografiado, porque ello luego servirá para componer una obra más eficiente en términos de transmisión de significado y capacidad de conmoción. Un fotopoeta debería tocar, oler, escuchar y hasta saborear (de ser eso posible) el objeto fotografiado. Y más allá aún de los sentidos con los que habitualmente percibimos el mundo, siguiendo así la prescripción del genial poeta francés Arthur Rimbaud, cuando hablaba del “desarreglo de los sentidos” necesario para componer una obra poética estremecedora. O quizá podríamos hablar también de una "agudización o hiper-sensibilización de los sentidos", lo que ubica al fotopoeta -con la totalidad de su ser- en el momento presente, despertando esa disposición atenta la visión aguda del detalle casi imperceptible. Es por ello que por lo general un fotopoeta dirá que "la cámara miente", que lo que sale de ella no es lo que se quiere en realidad mostrar. La cámara es sólo un objeto de captación, pero por lo general no genera la imagen final que el fotopoeta quiere mostrar al mundo. En cierta medida, parecería ser que el fotopoeta interviene más activamente en la concepción final de la estética de cada toma individual; y que el posterior proceso de re-unión de imágenes para conformar el conjunto está más bien comandado por aquella mano oculta que más arriba referenciamos como "la otredad", transformándose el fotopoeta en esta última etapa, en sujeto receptivo más que emisor.




11-Obviamente que si decimos que un fotopoeta piensa que “su cámara miente”, nos estamos alejando bastante de lo que es la fotografía tradicional, y es por esa razón justamente que más arriba decíamos que la fotopoesía está más cerca de la pintura que de la fotografía. Aquí recuerdo por un momento al alemán Otto Steinert y su “fotografía subjetiva”. La nuestra también lo es en cierta medida, pero aquella seguía siendo fotografía de fotógrafos, mientras que la nuestra es de poetas; aquella buscaba una mirada subjetiva de la realidad, la fotopoesía busca la realidad más allá de la realidad misma; además de la diferencia técnica en cuanto a la característica de "multi-imagen" que posee por definición la obra fotopoética. Finalmente, una diferencia difícil quizá de asir pero fundamental. La "fotografía subjetiva" da cabida y preponderancia al sujeto "fotógrafo". En la fotopoesía, como dijimos, el que hace las tomas deja que las cosas ocurran y, como vimos más arriba y en todo caso, el sujeto que finalmente se expresa aquí es "la otredad" (con lo cual podríamos poner en duda la calidad de subjetiva de la fotopoesía y quizá encontraríamos, explorando terrenos algo místicos, que la fotopoesía es una disciplina altamente objetiva, aunque sin embargo, creo que esta discusión excede el alcance más bien técnico y estético de este manifiesto).




12-Ciertamente, también es importante definir claramente un punto, y habrá que decirlo de una buena vez: que tiene más chances de ser un buen fotopoeta aquel que tenga formación o talento como poeta que aquel que tenga las habilidades de un fotógrafo profesional. Por ambos caminos puede llegarse, como también por el de la pintura u otras disciplinas, pero si imaginamos una academia o escuela de formación de fotopoetas, pienso que deberían ocupar muchas más horas cátedra las materias sobre poesía y hasta pintura, que sobre técnica fotográfica. Que se entienda bien: el fotopoeta debe saber tomar buenas fotografías y tener dominio de su equipo y conocer como experto las reglas de composición, pero lo esencial es adquirir el “sentido poético”. Si escucho a dos fotógrafos discutiendo como tema de importancia capital sobre qué lente u objetivo es el más luminoso o qué tipo de flash es el más indicado o cuál es la mejor marca de equipo fotográfico, automáticamente sé que estoy con gente que tiene pocas chances de ser fotopoeta y siquiera de entender de qué se trata el tema. En fotopoesía el equipo es un tema secundario (el verdadero y más importante equipo está conformado por una trilogía de herramientas, a saber: ojo, corazón y mente).




13-Hay un hecho que queda implícito en la afirmación “el fotopoeta piensa y siente que su cámara miente”. Es decir, la cámara es una herramienta de captación, pero la imagen que resulta no es la misma que el fotopoeta captó mediante su percepción afectada por el mencionado “desarreglo rimbaudiano de sus sentidos”. Y el hecho que queda entonces implícito, como decíamos, es la necesidad de realizar un tratamiento de la imagen posterior a la toma. Dicho tratamiento no alterará los hechos fotografiados, lo que hará es ajustar colores, tonos, luces y sombras, realizar virados, aplicar filtros, resaltar zonas, contrastar, saturar o desaturar, todo con el objetivo de que la imagen mostrada se aproxime al “sentimiento perceptivo del fotopoeta”. Al mencionar ésto, cierta vez, un fotógrafo profesional me dijo, con total franqueza: “Eso es engañar a la gente”. Y debo decir dos cosas en relación a dicha afirmación tan tajante. Primero, que estoy totalmente de acuerdo con la misma si es que estamos hablando de fotografía tradicional, sea de paisajes, deportiva, social, de prensa, etc. Pero aquí hablamos de fotopoesía, algo muy diferente a la fotografía. De lo contrario, deberíamos hacerle un juicio post-mortem a Vincent Van Gogh, ya que sus girasoles no son tal como los girasoles “reales”. La verdad es que Van Gogh nos engañó, como lo hicieron probablemente la mayoría de los pintores de todas las épocas. Y volviendo a nuestro tema, debemos decir también que, como en la pintura, la realidad fotopoética no es la misma que la realidad fotográfica. Siguiendo con la opinión de aquel fotógrafo profesional con el que insisto que estoy totalmente de acuerdo, en segundo término diré que aún en fotopoesía acepto, por lo menos en lo personal, que estoy “engañando a la gente”. Lo acepto, lo confieso. Creo que justamente de eso se trata el arte, ni más ni menos, de engañar nuestros sentidos para conmovernos y tocarnos lugares internos a los que generalmente no accedemos en el estado de vigilia habitual. Ojalá un fotopoeta pueda siempre engañar a la gente de la forma exitosa en que lo hace, por ejemplo, un gran ilusionista con su “magia escénica”. Debo aclarar finalmente que sin embargo, creo que la fotopoesía debe prescindir de los montajes extremos y rebuscados, o si los usa que sean suaves y no distorsivos del momento fotografiado. Se puede mostrar una realidad diferente, pero siempre a partir del mismo instante fotografiado, sin fabricarlo con collages de imágenes posteriores.




14-Una consideración en cuanto al título o nombre de la obra. A menudo he observado cierta impotencia creativa en los artistas al momento de dar título a sus obras. Lo mismo con los nombres de algunos libros o películas. En fotopoesía, yo creo que la titulación de la obra es una parte esencial del proceso creativo. Un título no debe buscar la grandilocuencia, no debería consistir en un lema o arenga. Quizá lo sencillo y concreto sea lo más efectivo. Pero que tampoco se pierda en lo cursi y en lo trivial. Un título no le debería indicar al espectador “cómo ver la obra”, aunque sin embargo le podrá dar una pista sutil para dirigir su mirada, su reflexión y su conmoción. Sin perjuicio de que en algunas obras (en la obra en sí) puedan incluirse palabras más que como contenedoras de significado como hechos pictóricos, el título es el único componente en palabras que tiene una obra fotopoética. Y el título puede surgir como un relámpago al iniciarse la obra, pero por lo general ésta partirá de una visión inicial en imágenes, y luego recién de concretada, el título certero aparecerá en la mente del fotopoeta, quizá un tiempo después de finalizada. Como sea, me conformo con que se entienda que “el título de una obra fotopoética es importante y es parte esencial en el proceso creativo de la obra”. En mi caso, por ejemplo, he tenido obras que no han visto la luz por varias semanas, esperando que “aparezca” el título adecuado. ¿Qué es un "título adecuado"? Lo sabemos cuando llega.




15-Decíamos que un conjunto fotopoético reúne entonces imágenes de diversos espacios y tiempos para componer una idea fuerza central que buscará provocar conmoción en el espectador. Decíamos también que no deberán existir montajes o los utilizados deberán ser suaves e imperceptibles. Además, es importante subrayar finalmente que deberían evitarse las poses y tomas de estudio, privilegiando la espontaneidad, o sea y como ya decíamos, la cacería o cosecha del instante.

16-Aún a riesgo de caer en estériles reduccionismos, podríamos sin embargo intentar identificar las diferentes etapas por las que pasa el fotopoeta al concebir su obra. Primero entonces, todo comienza con "la cacería del instante". El fotopoeta sale con su cámara a buscar "la manifestación de lo grande a través de lo pequeño". Mientras el común de la gente fotografía una imponente catarata, quizá el fotopoeta se encuentra agachado entre las plantas húmedas fotografiando a un caracol que trepa en una hoja, o mientras los demás fotografían la cúpula de una esplendorosa catedral, el fotopoeta ha advertido que el personal de limpieza ha dejado una escoba apoyada sobre la estatua de Cristo. En esta etapa, el fotopoeta sale de cacería desprovisto de expectativas, sólo con ojo atento. La segunda etapa (que se entremezcla y retroalimenta con la que veremos a continuación) consiste en adaptar "la mentira salida de la máquina" a lo que el fotopoeta percibió de dicho instante (con el ya mencionado "desarreglo de sus sentidos", y más allá de los mismos). Quizá el fotopoeta fotografío unos hermosos ojos verdes mirando el cielo. Y quizá haya visto en ese instante que varias nubes se paseaban tranquilas por el iris de aquellos ojos. El fotopoeta ha visto el cielo azul en aquellos ojos verdes, y trabajará en el postprocesado hasta lograr que la imagen final sea aquella que él percibió y no lo que captó la cámara. La tercera etapa es la de re-unión de imágenes de diferentes espacios y tiempos en el reino final del "no-espacio" y "no-tiempo" que es la obra fotopoética. Aquí el fotopoeta "deja hacerse" por la otredad, por aquello que actúa y se expresa a través de él (en esta etapa, así como las imágenes se re-encuentran, quizá el fotopoeta pueda sentir, por un instante, que la otredad también se re-encuentra con él mismo). Luego vendrá el tiempo de descanso de la obra, tiempo en el que el título preciso aflorará en la mente del fotopoeta, coronado el proceso por la mirada del espectador, quien dará el significado final al conjunto, y lo hará hablar en sus oídos y su corazón el lenguaje que él necesita que hable, según su tiempo y su sentir íntimo y personal.




17-Y así como “el instante”, al igual que para el haiku japonés, es la materia prima esencial del ojo fotopoético, la obra deberá estar consagrada también a dicho instante en su etapa final de materialización. ¿Cómo podría ser el “instante único” que implica la fotopoesía reproducido en casi fraudulentas e ilimitadas tiradas de obras, como lamentablemente lo hacen tantos fotógrafos contemporáneos, aún los de gran reputación?
La coronación de la sumatoria del instante único de la toma, del instante único en el que se integran diversas imágenes con una lógica espacio-temporal más allá de lo convencional, del instante único en el que uno observa la obra e interviene sus imágenes para que se parezcan más a lo que el fotopoeta percibió en su “desarreglo de sentidos” y no tanto a la realidad perceptiva de la cámara, debe coronarse con una obra única o casi única en cuanto a su materialización en papel. Concretamente, estoy hablando aquí de otro aspecto técnico de gran importancia en la FotoPoesía y que el fotopoeta deberá observar con gran devoción y disciplina: la limitación del tiraje de obra impresa. Si el fotopoeta tiene la suerte y el talento que le posibilite vender su obra, deberá garantizar un tiraje máximo de 5 ejemplares por obra, en todos las versiones y tamaños. Ello deberá estar, decíamos, garantizado y explicitado además en un certificado de autenticidad que acompañe a la misma. Sin embargo, debo decir aquí que me inclino por una posición extrema, y en mi caso personal he decidido la emisión de sólo una impresión original por obra, ninguna más. Podrán luego emitirse algunas impresiones especiales (no más de 5) para exposiciones y muestras públicas o privadas del autor, pero una y sólo una obra será la que posea valor comercial y así esté autenticada y certificada por su autor. Las obras destinadas a exposición, deberán acompañarse igualmente de un certificado que las individualice y las restrinja en su circulación comercial. También es importante destacar en cuanto a la impresión final de la obra que, debido a los perfiles cromáticos "melancólicos" que suelen utilizar los fotopoetas, es indispensable generar un procedimiento personal y eficiente para que el trabajo no se vea arruinado en su etapa de impresión. Ésto implicará la investigación de diversos métodos de impresión y la indagación de resultados con diferentes laboratorios, hasta dar con el resultado óptimo.



He tratado de abordar a la FotoPoesía como fenómeno de expresión artística desde diferentes ángulos, a veces en comparación con otras disciplinas, a veces en forma más directa, y otras en vinculación con los procesos interiores del sujeto que la genera (sea éste el propio fotopoeta o aquello que el fotopoeta deja que se exprese a través de él). Algunas veces, el resultado resulta un tanto paradójico, seguramente lo mismo que ocurre cuando se trata de abordar cualquier otro proceso artístico de similares características. Espero haber podido aportar algo de claridad y respuesta a la pregunta que nos hacíamos al principio. Aunque me sentiría satisfecho si otros interrogantes de mayor trascendencia y profundidad pudieron abrirse a partir de estas palabras. Que supongo que para eso estamos en la vida: para formular preguntas, no para buscar respuestas cerradas y definitivas. En todo caso, este texto debe ser entendido solamente como lo que yo pienso y siento acerca de la FotoPoesía hoy. No poseo la verdad primera ni la última, y lo que digo en este preciso instante puedo desdecirlo sin culpa ni pesar más adelante.

Finalmente, quizá lo más importante de toda disciplina artística: para innovar y transgredir las reglas, primero hay que estudiarlas, respetarlas y dominarlas. Y aunque insisto en que este “manifiesto” no persigue la imposición o enumeración de reglas, sino más bien de reflexiones en torno a la fotopoesía, a falta de un conjunto de reglas formales, podría aceptar que estas reflexiones adquieran -en forma transitoria- el carácter de normativas guía para el aprendiz de fotopoeta (un fotopoeta siempre debería conservar la actitud de aprendiz, de lo contrario, correrá el riesgo de perder la “capacidad de ver el instante”) . Explorar, explorar, explorar; y al explorar correr riesgos creativos, transitando siempre por caminos desconocidos, sin importar lo que digan otras voces: ésta debe ser la única regla fija y siempre vigente que seguirá a rajatabla el eterno aprendiz de fotopoeta.

Luis Vence, octubre de 2007
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